El Desvío: Receta musical.

Querido Doctor:

Me tomo la libertad de agradecerle tan entusiasmada recomendación por el Día de la Televisión. Como pieza artística, la considero de valía extraordinaria. Sobre todo sabiendo de mi debilidad por el género musical. Nunca abuso de él, pues como los perfumes es intenso. Los degusto de a poco y de cuando en cuando. Tengo mis preferidos, y en esta obra parece que miman de sobra mi favorito; he podido canturrear entre dientes de vez en cuando. Agradezco las pizcas de cultura y de sabiduría histórica que se pueden rescatar de ella. La visión del mundo del espectáculo que aquí se ofrece no me cuenta nada nuevo, aunque siempre es de admirar que haya quien modernice cualquier aspecto de cualquier arte o industria. Pero con el mundo del espectáculo siempre acabamos con la manida cuestión de «¿a qué precio?». La pregunta ya cansa, y la respuesta no sorprende, pero vamos a hacérnosla otra vez.

Sólo espero, mi querido doctor, que hayamos hecho una lectura más o menos similar del contenido, además de admirar el continente. Es de una violencia pasmosa.

Un adicto a las drogas ilegales, a las drogas legales, a las drogas por receta, al sexo y al trabajo. Obsesionado con la muerte y traumatizado por una infancia con el cariño justo, una necesidad constante de darse a valer por encima de una competencia omnipresente, una violación durante la pubertad y una evidente falta de amor propio achacable a todo lo anterior. Un adicto que posee un talento considerable para el baile y la puesta en escena, pero brillante si se ve sumado a la gestión de su tercera esposa. No olvidemos que su segunda esposa también era una figura de renombre que le ayudó a asentarse a su llegada a Hollywood. El tipo elige de manera verdaderamente práctica con quién asociarse mediante el matrimonio.

Su tercera esposa es una mujer en cuya primera juventud destaca una maternidad adolescente -producto de una violación-, la obligación de casarse con su violador y la decisión posterior de divorciarse y dejar a su bebé en manos de sus propios padres, al nivel de desentenderse por completo, para seguir con su vida y desarrollar su espectacular talento como bailarina. Ganadora del Tony y estrella de Broadway antes de conocer al que será su segundo marido, tras una aventura a espaldas de la segunda mujer de éste -ya enferma terminal-. Una estrella emergente que pronto entiende que los roles de sus sueños se los puede dar su nuevo marido, mientras ella aguante todo lo que conlleva convivir con un adicto. Al mismo tiempo, él asume como una dependencia más a sumar a su lista el hecho de que su esposa hace brillante su trabajo, que de otra manera sufriría de cojera. En otras palabras, ambos entienden que para el éxito se necesitan mutuamente, y también es esa la opinión de los grandes productores y críticos, que empiezan a preferirles en pack antes que por separado.

Visto desde este punto de partida, sólo queda esperar una romantización descarada de una relación venenosamente dependiente, disfuncional y altamente perjudicial para la salud. Y es lo que una obtiene de ver esta pieza. Con un envoltorio espectacular que nadie debería perderse, por supuesto.

Asistimos a un esperpento. Una asociación empresarial de la que se valen dos yonkis egoístas, centrados en sí mismos, para darle sentido a sus vidas -algo que necesitan desesperadamente- mediante el éxito y la admiración de la crítica y el público. Una empresa que no les satisface por igual en el plano emocional, sexual ni social. Son dos desgraciados, cada uno cuidando de tener localizado y controlado al otro, igual que cada empresario cuida de su más segura inversión, que confunden su necesidad con una idea interesada del cariño. Se admiran, eso se lo supongo, desde una competencia constante y dañina en la que ella, sin lugar a dudas, gana por goleada aunque los premios no lo reflejen. Se admiran, pero apenas se respetan. Por más que la fama y la fortuna les rodee, por mucho que las vitrinas se llenen de Óscars y los periódicos de adulación, nunca tienen suficiente y nunca dejan de pelearse consigo mismos.

Querido doctor, la narrativa, los colores, las luces, la música y la fantasía que se proponen aquí, las compro sin dudarlo. Los intérpretes están sublimes, sobra decirlo. Pero sí, me parece tendencioso ese montaje final que pretende hacer pasar esta relación de intereses y manipulación, tortuosa y tóxica, por un romance épico. Sólo espero que les recete esta medicina a los que busquen saber qué es una exquisita pieza de ficción audiovisual sobre egos, talentos, individualismos, éxitos y fracasos, pero no sobre qué es el amor. Nada más lejos de la realidad.

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