El Desvío: Ser, o no ser. Esa es la cuestión.

Ojalá fuese tan fácil de asumir como parece. Ojalá estuviese tan segura como aparento estarlo.

En ocasiones, tomar las riendas es sinónimo de decir «no» a todo el mundo. A todo el mundo, incluidos aquellos a los que más amas y aprecias. Es sinónimo de pasar horas y horas a solas, maquinando un proyecto en el que sólo tú crees… Con suerte, ellos lo entenderán, que no es lo mismo. Exige volverte uraña, esquiva, desaparecer aunque duela. Ante el canto de cisne, sólo queda echar toda la carne en el asador, a riesgo de no poder prestar atención a todas las piezas sobre la barbacoa, a riesgo de que algo de lo poco que tienes se queme.

El consuelo puede parecer estúpido, pero siempre queda la suerte de saber que la persona que cree en ti y que va a pelear por ti, tenga o no razón, será con la que compartas el resto de tu vida y la que más sincera será contigo, si se lo permites: tú misma. Permitírselo siempre será difícil, por cierto. Hay quien teme quedarse a solas un día entero, a riesgo de agonizar bajo sus propios pensamientos.

Pelear a solas te deja exhausta. Y ganar a solas no es necesariamente más satisfactorio que ganar en compañía, pero es reconfortante, que no es poco. Hablo sin haber ganado grandes guerras, apenas pequeñas batallas que casi nunca busqué. No saber hacia dónde vas es agotador, pero lo que deseas es una fantasía que no te va a otorgar este mundo injusto y que tú misma no puedes fabricar, así que la supervivencia te empuja a caminos insípidos, desdibujados, que ni siquiera como placebo servirían.

Ya saben la importancia que se le da a aquello de levantarse rápido cuando la vida golpea, pero en mi vida siempre ha estado muy presente el deporte de resistencia, mucho más que los deportes de fuerza. Y levantarse, antes o después, tras un golpe me resulta poco impresionante, comparado con aguantar una fuerza mayor constante durante días, semanas, meses y años, puede que sin jamás llegar a erguir la espalda ni alzar la mirada todo lo que me gustaría, pero sí plantando mis piernas e hincando mis rodillas sin permitir que mis manos cedan y toquen el suelo.

La única salida es tomar decisiones sinceras y firmes. Ser, o no ser. Esa es la cuestión.

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