El Desvío: El comunicólogo. Capítulo 1.

Quien me conoce sabe que, si mi escritura me diese para vivir, no exploraría otras artes desde una perspectiva laboral. Pero mi caprichosísima fortuna sólo me ha traído contratos incumplidos por parte de las editoriales, hasta el momento, con lo que, de hecho, escribir me está costando el dinero que le pago a mi abogado y el tiempo que paso promocionando libros de cuya venta no saco beneficio económico.

A la espera, siempre paciente, animosa y optimista -no quiero creer que ingenua- de que la escritura se convierta en mi profesión y sustento, pruebo otras áreas. Estudié Comunicación Audiovisual. Es una carrera con un gravísimo problema de novedad. Nadie sabe qué hace un comunicólogo, excepto el propio sujeto. Pues bien, lo que hacemos es comunicar -no confundir con informar; la comunicación siempre implica un mensaje, una información, pero no siempre es noticiosa-, preferentemente desde los medios de comunicación tradicionales: radio, prensa, tv… Pero los comunicólogos también podemos proyectar, desde el departamento de comunicación de cualquier empresa o entidad, cómo vamos a llegar al cliente o al público, mediante qué slogan o premisa, con qué colores y voces, qué días y horas, usando qué tono, desde qué plataformas, por qué razón, cuán a menudo… Y nuestros contratante puede ser una cadena de televisión, exactamente igual que puede ser una marca de lentillas, una ONG, una aplicación móvil, un grupo político, un gimnasio…, absolutamente cualquiera que quiera hacer llegar un mensaje certero a un receptor. El marketing y la propaganda tienen bastante historia detrás, pero hay una vergonzosa cantidad de gente que espera que este trabajo se lo hagan gratis.

Gente que busca que escribas contenido para su web, sin pagarte, cuando la escritura de un artículo en condiciones requiere unos mínimos conocimientos de lengua española y redacción -créanme, señores empresarios, y créanme porque seguramente ni ustedes mismos lo sepan, pero cuando optan por alguien que no es profesional, se nota un huevo y, además de dar vergüenza ajena, es indignante-. O gente que quiere que le diseñes un cartel, sin intención de pagarte, porque considera que es algo fácil, pero que no sabe que los carteles que no realizan profesionales suelen ser cutres, farragosos, ilegibles y olvidables -es decir, inútiles-. O gente que quiere montar su empresa, que se considera emprendedora, y quiere que todos los cimientos le salgan gratis: el logotipo me lo diseñas gratis, la musiquita me la compones gratis, la web me la montas gratis, la promoción me la haces gratis, las fotos me las retocas gratis…, y un larguísimo etcétera de regalos que ni has cobrado ni vas a cobrar cuando la empresa prospere, si no pincha estrepitosamente porque el dueño y timonel no entienda la diferencia entre tratar a los profesionales como profesionales y hacer el ridículo. El mundo de los negocios no se rige por la norma del “todo gratis al máximo nivel de calidad”, a no ser que tengas alma de empresario corrupto, en cuyo caso estás en el país adecuado. Las cosas que ustedes no sepan, no quieran o no puedan hacer, señores, hay que pagarlas. Si quieren chicos y chicas de práctica en su empresa porque nadie más quiere ocuparse del guardarropa, páguenles un sueldo acorde con sus conocimientos y formación, denles de comer y no esperen que les solucionen marrones estratosféricos o que respondan a horarios que no están ustedes pagando. Si quieren bailarines profesionales en su proyecto, páguenles. Y si no los pueden pagar, bajen al suelo, piensen qué pueden permitirse pagar y reescriban sus expectativas emprendedoras desde ahí.

En otras palabras: si no tienes dinero para montar una empresa que no puedes llevar adelante por tus propios medios, no pringues a los demás. Por otro lado, si el que lee este artículo es el pobre al que han pringado para que trabaje gratis, un consejo: firma un contrato en el que te prometan pagar tu trabajo en cuanto haya beneficios. Seguramente no lo cumplirán, pero tendrás una excusa que darle a tu madre cuando te pregunte si esta vez, por fin, es algo remunerado.

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